... ... ... ... Rhapsodia: diciembre 2012 ... ...

viernes, 28 de diciembre de 2012

La mujer de las piruletas


Art by SLySecret

Tiempo atrás, en una era donde los shinobis no daban asco ni vestían de ropajes naranjas, en un pueblillo había una tienda de chucherías la mar de chula, tan guachis era que los caramelos los vendía a uno por moneda.

Cada día era igual que el anterior, hasta que una noche alguien tocó a la puerta de la tienda. El vendedor al abrir se topó con una hermosa mujer embarazada, con media melena cubriéndole el rostro y algo pálida. Amablemente le pidió que le vendiera una piruleta, y se la vendió.

A la noche siguiente la extraña mujer volvió a aparecer, algo más pálida que la vez anterior, y le pidió otra piruleta. El comerciante se la volvió a vender, algo mosca.

A la tercera noche, para no variar, apareció de nuevo con peor aspecto. El mercader le pidió de venir de día, pero la mujer insistió tanto en querer comprar una piruleta que desistió y se la dio.

Que me des la puñetera piruleta, coño.


La señora fue apareciendo cada noche para comprar la golosina, cada vez más cadavérica. El hombrecillo, ya fuera por lástima o por el mal rollo que aquello conllevaba, continuó vendiéndosela. Hasta la séptima noche.

Esa noche la mujer apareció llorando, con voz débil y temblando, le suplicó por una piruleta. Sin embargo como esta vez no tenía dinero para poder comprarla, el vendedor se negó. Al borde de la desesperación la señora rasgó una de las mangas de su kimono y se lo ofreció al mercader a cambio. Aceptó el trato.

Como es habitual en este tipo de situaciones, el hombre sintió curiosidad por la extraña obsesión de la mujer y su casi putrefacto aspecto. La siguió hasta llegar a un cementerio donde se escuchaba el sonido de un bebé llorando. Se detuvo en una de las lápidas, y al mismo tiempo que desapareció, el llanto de la criatura cesó.

El vendedor de chucherías fue directo a comentárselo al monje del pueblo, que tras mostrarle el cacho de manga que la mujer le había dado, recordó quién era.
Al parecer esa muchacha había aparecido una semana antes buscando cobijo, con la intención de dar a luz en casa de sus padres. El monje la dejó quedarse allí, pero a la mañana siguiente la encontró muerta. Así que le cantó un par de sutras y la enterró junto a 6 monedas, que casualmente coincidía con el número de veces que apareció en la tienda con dinero suficiente para poder comprar.

Ambos volvieron al cementerio y la desenterraron. En su ataúd encontraron el kimono que llevaba la mujer, sin la manga y envolviendo a un bebé que continuaba con vida. Las piruletas se las llevaba su madre para acallarlo y saciar en parte su hambre.

El monje se quedó con la criatura, lo crió como tal, creció y se convirtió en el monje más badass de todos los tiempos.


FIN.  

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