... ... ... ... Rhapsodia: diciembre 2010 ... ...

viernes, 31 de diciembre de 2010

Pochi, la leyenda

Había una vez una pareja de yayos que vivían tranquilamente hasta que un día un cachorrito se les presentó clamando ayuda.
El pequeñín huía de su dueño, que al parecer, aparte de ser un amargado, quería matarlo por haber insultado su preciada melena.

Como los abueletes eran majetes, decidieron ayudarle. Así que le ofrecieron una buena suma de dinero a cambio del chucho, que gustosamente aceptó el trato.

Los yayos se encariñaron con él y le pusieron de nombre *Pochi.

* Como no recuerdo el nombre que tenia, así se queda.


Un tiempecillo después, mientras el Sr. Abuelete lo paseaba, a Pochi le entró una neura y lo arrastró hacia un remoto bosque. Cuando llegaron, Pochi le dijo al yayete que cabase en ese lugar. Y como el anciano pensaba que el hecho de que un perro hable era por estar medio senil, cavó.

Ahí encontró un cofre con un buen dineral dentro. Gracias a ello reformó su casa y junto a su esposa se pegaron la buena vida.

El Sr. Amargado, que se había enterado de que el chucho tenia buen olfato para la pasta, raptó a Pochi y le obligó a mostrarle un tesoro a él también. Pochi le dijo que cavara en un lugar cercano, pero en lugar de oro, salieron serpientes. Como es de esperar, el Sr.Amargado intentó matar a Pochi, y como este era más gafe que Detective Conan, no logró escapar y murió.

Pochi, que en paz descanse.


Los yayos le hicieron una tumba, y al cabo del tiempo, empezó a florecer un gran árbol.

Un buen día, mientras el Sr.Abuelete se echaba una siesta, empezó a oír una voz que provenía del árbol. Esa voz le dijo que hiciera un mortero con su madera. Y como le hacía gracia, lo hizo.

Cuando la Sra.Abuela puso arroz en el mortero, empezaron a salir monedas de oro como si fuera una tragaperras. Nuevamente la pareja de yayos se pegaron la buena vida.

El Sr.Amargado, que se dedicaba a espiarles, se volvió a enterar de ello y les robó el mortero. Pero al poner el arroz no pasaba nada, y como era más cabrón que Méndez, lo quemó.


Los pobres ancianos guardaron las cenizas del mortero y le pidieron al señor feudal más cercano que les dejara esparcirlas por su jardín. Y como el feudal en cuestión era un cachondo, les dejó.
En su jardín empezaron a florecer cerezos tope chulos, y como agradecimiento a la pareja senil, les dio muchas riquezas, con las cuales incluso sus nietos se dieron la buena vida.

El Sr.Amargado, muerto de celos, fue a ver al señor feudal, le contó mucha mierda sobre los yayos, que él era mucho mejor persona y que podía hacer florecer cerezos más chachipirulis aún. Para demostrarlo lanzó algunas cenizas del mortero que quedaban, pero como tenía la puntería en el culo, las cenizas fueron a parar a los ojos del feudal, que lo mandó a la horca.



 FIN.

Menchi: Pochi era un primo mio.
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